Cuestión de tallas

De adolescente, siempre pensé que el paradigma de la perfección, a lo que aspiraba, mi gran meta y mis grandes cambios sucederían cuando llegase a la talla 38.

Puede parecer ridículo, lo sé, pero era esa época en la que la industria de la moda lanzaba mensajes constantes de que solo llegaríamos a ser felices cuando fuésemos perfectas y delgadas. Y ¡sorpresa! Algunas nos lo creímos. Lo digo en serio, algunas nos lo creímos a pies juntillas y lo convertimos en ese propósito de Año Nuevo que cada año se va repitiendo, en la excusa de cómo es que el chico más guapo del colegio no se fija en mi alegando ese «claro, no tengo una 38». La justificación al hecho de que no nos sintésemos realizadas.

Sucedió algo mágico cuando entré en la universidad, y fue que de un día para otro, con dieta y deporte, —estaba de moda apuntarse al gym y yo lo hice—, llegué a la 38. Mentira, llegué a la 36 y… no me gustó. En serio, me miraba en el espejo y no me gustaba la figura demasiado anodina que tenía delante. Agrego que también me quedé sin pechos —porque sorpresa, si adelgazas es lo primero que pierdes, pero claro, no te cuentan que la mayoría de modelos de VS los tienen operados— y más plana que una tabla de planchar. También sin excusas de mis fracasos personales, y allí me di cuenta de que el problema no era mi talla, sino mi actitud.

Actuaba con complejo, y la gente lo notaba. Ése era el problema. Crecí, maduré, me compré pantalones de marcas que ni siquiera tenían ese tallaje y me olvidé de la obsesión de la 38.

Me vino a la mente el otro día que pasé por el Zara y vi el modelo de pantalones que es mi favorito —el Mum’s jeans, que en realidad debería llamarse Jennifer Aniston Jeans porque es la reina de cómo llevarlos en Friends—.

Pasó algo curioso, y es que cogí la 38 y la 40 dudando en cuál era la mía, y al probármelos, decidí coger las 2 —una de cada color—.

Porque la 38 me sentaba bien, pero la 40 siendo más ancho era más cómodo y le daba un estilo desenfadado y moderno que me chifló. Eso siendo adolescente habría sido impensable, me habría lanzado a la 38 sin pensármelo.

Así es la vida, no importa qué talla uses ni cómo la lleves, sino tu actitud ante ella. Así que no, no es cuestión de tallas, es cuestión de agallas.

¡Feliz domingo!

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