Lo que nos preocupa

Cuando tenía diecisiete años, empecé a ser consciente de los peligros que suponía ser yo. Con eso me refiero a ser chica, mujer, adolescente.

Fue cuando quise salir de noche a tomar algo con mis amigas, y más adelante a los pubs y discotecas. Mi madre siempre me repetía «no vuelvas con nadie, coge un taxi y cuando llegues avísanos» entre otros consejos como llevar en el bolso un spray de pimienta o que me fijara en que no hubiera nadie cerca del portal de casa que pudiera acecharme, que bebiese sólo lo que yo hubiera pagado y no perdiera de vista el vaso.

Son muchas cosas para alguien que quiere salir a pasar un buen rato, relajarse y bailar ¿no? Porque esos consejos a los chicos no se los dan porque no los necesitan.

Por eso no me sorprendió cuando leí la noticia de que la mayor preocupación de todas las mujeres, independientemente de su edad, es la violencia de género según el Instituto de la mujer (os lo dejo aquí por si tenéis curiosidad 👉🏼https://www.inmujer.gob.es/actualidad/noticias/2019/MAYO/estudiomujerjoven.htm)

Y en verdad, la violencia está más arraigada de lo que pensamos en nuestra sociedad. De hecho, hay veces en las que me he encontrado esta violencia reflejada de forma tanto directa como indirecta en la literatura.

Yo me pregunto, ¿es bueno? ¿O lícito? ¿O moralmente correcto?

Algunos opinan que en la ficción puede escribirse todo, que está fuera de la moral y que sí, sería válido. Y yo no me opondría, de hecho, muchas historias que he leído están desprovistas de ella en otros ámbitos como en el género policíaco o el thriller —pese a que la mayoría de ellos terminan con el «malo» entre rejas y el héroe triunfando—.

Pero hablamos de violencia hacia la mujer. Las vejaciones, los insultos, los sometimientos, el daño físico es algo que me resisto a leer, y mucho más cuando se trata de una novela romántica. Y no hablo de alguna pelea puntual, de algún enfado, de algún protagonista que pensemos «qué ostia tiene», no, porque al fin y al cabo, hay gente así en la vida real y no por ello son agresores o violadores. Hablo de comentarios despectivos, insultantes, de actos sin consentimiento, de golpes.

No, no creo que deban prohibirse esos libros, eso sería censura, pero por respeto a todas las víctimas, a todas las mujeres que sufren cualquier tipo de violencia, y también por todo ese miedo que sentí yo cuando era más joven —y que sigo teniendo a veces al caminar por cualquier calle solitaria y notar unos pasos detrás de mí—, me reservo el derecho de no leer esos libros y, si me topo con algo así sin querer, criticarlo desde el punto de vista más subjetivo.

También me reservo el derecho de escribir sobre ello, porque estas cosas tienen consecuencias sobre la vida de las mujeres que la sufren. Y sí, escribir sobre ello puede ayudar a hacerles saber que no están solas, que pasa más a menudo de lo que debería. Que no es culpa suya, nunca lo es. Por ello, Pinot Noir es mi pequeño homenaje.

Nos leemos♥️