Críticas y críticas

No sé si os ha pasado alguna vez eso de buscar opiniones o críticas de alguna película, serie o libro, y encontraros con algo que traspasa la mera opinión o un análisis constructivo o una crítica en sí misma.

Me refiero al hecho de que la persona que lo escribe haya decidido coger todos los puntos débiles de la obra y contarlos con sátira, ridiculizando el objeto del análisis, luciéndose igual que si estuviera escribiendo alguna escena graciosa de una obra de teatro.

A mí personalmente me gusta leer opiniones sinceras, siempre desde el respeto y nunca, jamás voy a cuestionar una opinión subjetiva. Pero esto no es solo una opinión, esto es excederse en ella. No me importaría leer algo parecido si supiera que es una tira cómica o satírica, o un programa de humor donde se burlan de todo, pero parece que este tipo de críticos tienen una pluma muy afilada y muy precisa acerca de con quién usar la ironía.

Ridiculizar no es opinar, y más cuando tratan a la vez de ensalzar su propio ingenio.

Me pasó con una película. Leí una crítica espantosa que aspiraba a hacer reír al lector, con un análisis y unos parámetros comparativos bastante surrealistas. Fui al cine a verla, y me encantó. Era una comedia romántica como unos diálogos ingeniosos, actuaciones correctas y situaciones divertidas, perfecta para pasar un buen rato y desconectar. No pretendía ser la película del año ni hacerte reflexionar.

Sin embargo, parece que aquel crítico de cine no pilló la idea y tenía expectativas de ir a ver el futuro premio Óscar a la mejor película, cuando ni siquiera el título daba pie para que pudiera hacerse tal idea.

Eso también me suele pasar con los libros. A veces leo reseñas que no se ajustan para nada al tipo de libro que se ofrece. Me da la sensación de que la gente no se fija en las categorías ni en las sinopsis. Y también me da que algunos libros se venden como cosas que no son.

Creo que es importante escoger qué leer, qué ver y enfocar la crítica hacia la finalidad para la que está pensada.

No todo el mundo quiere leer a Proust, señores.